viernes, 17 de junio de 2016

Las Exigencias de la Libertad



Un mundo en que el matrimonio sea temporal y no permanente; en que las estructuras sociales sean diversas y vividas; en que los homosexuales puedan ser padres aceptables y en que los jubilados empiecen a criar hijos, será un mundo completamente distinto del nuestro. Hoy esperamos que todos los chicos y chicas encuentren pareja para toda la vida. En el mundo de mañana, quedarse soltero no
será un crimen. Ni se obligará a los cónyuges a permanecer encarcelados, como muchos en la actualidad, en matrimonios que se han vuelto rancios. Será fácil el divorcio, mientras se tomen medidas sensatas para los hijos. En realidad, la introducción de la paternidad profesional podría provocar una enorme oleada de divorcios, al facilitar a los adultos que se liberen de sus responsabilidades paternales sin tener que permanecer necesariamente en la jaula de un matrimonio odioso. Eliminada esta poderosa presión externa, los que permanezcan juntos serán precisamente los que lo deseen, los que encuentren su plenitud en el matrimonio;en una palabra, los que estén enamorados.También es probable que en este variado y relajado sistema familiar encontremos
muchas más parejas de cónyuges de diferente edad. Aumentará la proporción de hombres maduros que se casan con jovencitas, o viceversa. Lo que contará no será la edad cronológica, sino los valores e intereses complementarios, y, sobre todo, el nivel de desarrollo personal. Dicho en otras palabras: los cónyuges no estarán interesados en la edad, sino en la situación.

En esta sociedad superindustrial los niños crecerán dentro de un círculo cada vez mayor de lo que podríamos llamar «semiconsanguinidad», todo un clan de chicos y chicas traídos al mundo por sucesivos equipos de progenitores. Será curioso observar lo que pase con estas familias «agregadas». Los semiconsanguíneos pueden llegar a ser algo parecido a los primos actuales. En caso necesario, podrán ayudarse profesionalmente. Pero también plantearán nuevos problemas a la sociedad. Por ejemplo: ¿podrán casarse entre sí los semiconsanguíneos?

Con toda seguridad, la relación total del hijo con su familia sufrirá una dramática alteración. Salvo, quizás, en los grupos comunitarios, la familia perderá lo poco que le queda de su poder de transmitir valores a la generación más joven. Esto acelerará el ritmo del cambio e intensificará los problemas inherentes a éste.

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