Pero si sólo unas cuantas familias crían hijos, ¿por qué tienen éstos que ser suyos?¿Por qué no inventar un sistema en que unos «padres profesionales» asuman las funciones de crianza por cuenta ajena?A fin de cuentas, la crianza de los niños requiere una competencia que no está en modo alguno al alcance de todos. Nosotros no permitimos que «cualquiera»practique cirugía del cerebro o, por igual motivo, venda acciones u obligaciones.Incluso el funcionario de menor categoría tiene que aprobar exámenes de competencia. En cambio, permitimos que cualquiera, con independencia de sus cualidades mentales o morales, trate de criar jóvenes seres humanos, con tal de que éstos procedan biológicamente de él. A pesar de la creciente complejidad de la labor, la crianza de los hijos sigue siendo el mayor privilegio del aficionado.Al resquebrajarse el sistema actual y producirse la revolución superindustrial, al aumentar los ejércitos de delincuentes juveniles, al huir del hogar cientos de miles de jóvenes, al crecer el alboroto estudiantil en las universidades de todas las sociedades tecnológicas, sólo podemos esperar estentóreas peticiones de que se ponga fin al «dilettantismo» de los padres.Existen maneras mucho mejores de resolver los problemas de la juventud, pero no cabe duda de que se propondrá la paternidad profesional, aunque sólo sea porque se adapta perfectamente al impulso total de la sociedad hacia la especialización. Además, existe una fuerte y creciente demanda de esta innovación social. Incluso ahora, millones de padres renunciarían, si pudiesen, a las responsabilidades inherentes a su condición... y no necesariamente por indiferencia o falta de amor.Apresurados, frenéticos, puestos entre la espada y la pared, han llegado a considerarse incapaces de cumplir aquella misión. En una sociedad más próspera y en la que existiesen padres profesionales competentes y legalmente autorizados, muchos de los actuales padres biológicos no sólo les confiarían de buen grado sus hijos, sino que lo considerarían más una prueba de amor que de desapego.Los padres profesionales no serían terapeutas, sino verdaderas unidades familiares, bien pagadas, dedicadas a la crianza de niños. Estas familias podrían ser deliberadamente multigeneracionales, ofreciendo a los niños una oportunidad de observar y aprender de diferentes modelos adultos, como ocurría en los antiguos hogares campesinos. Los adultos que cobrasen por su cometido de padresprofesionales se verían libres de la necesidad, derivada del trabajo, de cambiar repetidamente de residencia. Estas familias admitirían niños nuevos al «graduarse» los antiguos, de modo que la segregación por edad se reduciría al mínimo.

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